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05 enero 2010

De estaciones y virajes

Erase un conductor muy especial, aunque él no lo sabía. Era tan especial que logró que la pasajera vaciara la dulzura que escondía bajo un fuelle de dureza.
Era tan especial que entró por la vía sin hacer ruido, que movilizó todas las membranas que ella se había tejido, minuciosa, con el tiempo.
Silencioso, pacífico, abrumador en ternura. Desafiante como los pasos de un tango que intentaba dar si iba hacia ella.
Y se quedó en sus andenes mientras ella sonreía. Siempre sonreía cuando él estaba cerca. Era la magia de los trenes, la magia que hilaba letras y urdía utopías.
Él conducía un tren que se detuvo en la Estación Sur.
Le dio la mano, la invitó a subir. Y ella, acostumbrada a saltar de vía en vía, se asombró asiéndolo muy fuerte. No esperaba el milagro del encuentro.
Sin embargo ahí están, con las manos tendidas y el corazón abierto.


Este micro relato estaba bajo mi árbol. Es mi regalo de reyes para vos, Maquinista.

2 comentarios :

El Maquinista dijo...

Es el mejor regalo de reyes que me han hecho en casi 37 años de viaje, este humilde maquinista tiene abierto el corazón en canal, sin Clo ya no entiende de estaciones, trenes, vías ni railes, y mi viaje sólo tiene sentido si no dejas de asir mi mano, abrazarme, reirte, acompañarme, besarme e insuflarme cada día, cada minuto que estoy contigo ese aire pleno de felicidad como sólo tú sabes hacerlo.
Gracias por ser como eres, y por haberme elegido en tu trayecto como compañero de viaje.

Lunska Nicori dijo...

Tierno, entrañable... Micro relato perfecto para ese maquinista y para nosotros los que te leemos. Regalazo de Reyes, para todos. Gracias.
Un abrazo