"Defender la alegría como una trinchera, defenderla del escándalo y la rutina, de la miseria y los miserables, de las ausencias transitorias y las definitivas.."
Defensa de la alegría. Mario Benedetti
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Imágen: "Madre e hijo" Tamara de Lempicka |
Víctor tiene cinco años y es el segundo hijo.
Espera a su madre, cada tarde, sentadito en la entrada a la casa familiar.
Sus grandes ojos sonríen y la abrazan en cuanto abre la verja. Después, no se despega ni un segundo de su lado. La invita a ver sus dibus, a colorear tirados en el suelo, a armar puzzles y bailar juntos recorriendo alocados el salón.
Más tarde un cuento con el baño tibio y espumoso, con los juguetes flotando alrededor de su hermoso cuerpecito, de su inerte cuerpecito.
Al primero le dio menos tiempo. Abrió adormilada los brazos y su apenas mes de vida se estrepitó contra el suelo.
Se culpa una y mil veces y no logra conjurar esas imágenes.
Una amiga la exorciza confesando misma pena.
Y ríen las dos, y brindan aliviadas por la vida.
Las madres siempre están fantaseando desgracias.
Para el lector paciente.
4 comentarios :
Ojalá pudiesemos mantener siempre la alegría.
Es algo utópico.
Pero lo he leído diez veces.
La verdad es que engancha.
Me ha gustado mucho.
Gracias, Claudia.
Gracias a tí, Salvador: por leer lo que escribo y estar ahí. Muchas gracias.
Fantasear desgracias es un mecanismo de autodefensa inconsciente, que puede darse en los sueños como pesadillas, o en conductas sobreprotectoras que siempre están previendo cualquier peligro.
Es algo parecido a los simulacros de emergencias.
Saludos!!!
Gracias por su explicación, Don Arístos, por si a alguien no le queda claro. Muy buena su comparación con los simulacros, y gracias por quedarse.
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