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16 agosto 2009

De mansos triángulos

Hoy te vas y yo
espero al día para hacer una cita.
Me presentaré ante él radiante, llena de luz y vida simuladas.
Con la cara limpia, alegre, sin adornos ni maquillaje.
Mi ropa será breve.
El vestido corto y el escote amplio
para que sea más fácil desnudar el corazón.
Con el olor justo y sin lágrimas. Frágil pero plena le hablaré de amor.
Y él se quedará con el silencio de la obviedad.
Ya no seré la misma concluida nuestra cita.
Allí estaré, tan elocuente como mis palabras,
musitándole mi vida sin salirme, en callejón.
Y habré acudido al encuentro para hablar de vos.
De tus tibios horizontes, de nuestra extraña relación
y hasta de aquel fin de semana juntos que nunca llegó.
Y ocurriré en demostrarle que él ya no es asunto mío.
Que todos mis vestidos son para otra ocasión.
Como si aquel de la cita
no formara carne nuestra.
El triángulo se abrirá entonces
y él sabrá que es hora de equipaje.
Cada uno transitará otras rutas.
Él pagará la cuenta y yo casi abriré las alas.
Y en el recibo, con su firma estampará "el dolor".
Nuestro gran amigo aún así, desterrado y primate,
nos acompañará los pasos,
confirmando su indolencia, la existencia paradojal de sus pisadas.
Partirá en dos su agonía y se quedará
conmigo
con vos.
Tocará tus puertas y las mías esporádicamente.
Esperanzado, se revolcará en sus fétidos rincones
y pretenderá resarcir su pasión.
Y aunque ambos conozcamos sus solidarias intenciones
no seremos capaces de recibirlo
nuevamente en nuestras casas.

1 comentario :

El Maquinista dijo...

Vístete para la ocasión, pero no para una ocasión de diario, sino para una especial de verdad, porque alguien está tocando a tu puerta, y no se marchará hasta que la abras, y le hables, y le muestres tu corazón descubierto. Vístete para la ocasión, y deja salir los fantasmas del pasado, escucha bien, del pasado, que te tienen prisionera de otros sentimientos que empujan para asomar, para hacerse fuertes.