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17 julio 2009

De último tren

No sé si él tendría entonces unos treinta años pero me sorprendió oírlo decir, mientras se refería a una relación que acababa de empezar, que ese era su último cartucho.
Luego fue una amiga hablando de su ruptura, cada vez que una historia se partía no podía evitar sentir que ese era su último tren. Todos tienen sus teorías, la mía me la reservo hasta dentro de unos años, cuando mire para atrás y subsista de mis recuerdos y pueda saber que he vivido intensamente.
Pero qué es el amor? Se preguntan los que ya no sueñan, los que aturdieron sus días con el consuelo de algún estado, los que esperaron por nada a la vida que se fue y con otros sueños, los que aún planean resarcirse en el próximo tren. Hay quien habla de algún par esperando quién sabe dónde, pero elegido para sí desde tiempos inmemoriales, con la idea utópica de que todo está escrito y en algún momento dado la vida, los astros o vaya a saber quién, propiciará el encuentro.
Los hay también resabiados, esos que llevan un rictus por sonrisa y reniegan despectivos de las maravillas del opuesto, porque en eso se transforma la gente para ellos, en seres contrarios, casi enemigos.
Otros traducen según les fue en el baile (obviamente salieron con los pies dolientes). Arrastran fracasos como si lo interpersonal condicionara toda su vida. Hacen de la analogía una costumbre muy bien asentada. Descreídos, heridos y con una furia mal parida van paseando el desencanto.
Luego están los conformistas. Ellos aceptan un otro sin esperar demasiado, eligen parejas que podrían llamarse sus "peoresnada". La teoría que subyace normalmente es la edad, las experiencias de cada uno, que lo más grande ya fue conocido y un profundo y arraigado miedo a la soledad.
Más allá, los radicales. El amor, tonta quimera. Amamos a quien nos hiere, nos despoja o nos olvida. Y huimos de quien nos ama. Lo evadimos, lo ignoramos, carece de todo valor y hasta puede transformarse en un premio consuelo.
Hay quienes viven para amar. Y aunque esto puede sonar muy romántico, termina mutando en dependencia afectiva. Esa que te impide abandonar el barco aunque te hayas encaramado desde la proa mil veces para saltar.
Algunos viven buscando el amor, y cuando lo encuentran concluyen la búsqueda, a veces tan sólo porque anhelaban compañía estable, otras veces porque es un error, no les conviene, no se asemeja o simplemente no logran atreverse.
Hay más. Los que creen que es la meta mas insigne más pura y elocuente. Renuncian a casi todo cuando creen amar, cuando vale la pena olvidarse de uno mismo para el otro (que no siempre hace lo mismo pero igual basta) Son capaces de inventar un mundo si logran un segundo más de permanencia del ser amado en sus vidas.
También existen aún los sacrificados, los abnegados del amor. Pasan por alto la rutina, la mediocridad del otro, la falta de pasión y el no tener nada que decirse. Pueden verse en muchos sitios, si se pone atención se los encuentra en cualquier terraza compartiendo indiferencia. El tiempo les ha comido las ganas de mirarse ya a los ojos.
Pasen y vean, señores, cómo hay amores que sobreviven a tanto hastío.
Engañándose, conformándose, sin pensar y hasta un poco primitivos son los que pacientemente inocentes esperan encontrarlo en la estación.

2 comentarios :

Natalia Cabrera dijo...

Hola
Había dejado un comentario pero no lo subio, no sé por qué, decía algo así:
Es difícil saber que decir
A veces, en cuestiones de sentimientos, la cosa es más simple de lo que parece. Yo me di cuenta de ello luego de años de terapia. En occidente, nos gusta mirar los sentimientos desde todos los ángulos posibles. Y a veces se trata solamente de eso, de sentir.
Sé que no es fácil, pero creo que no es imposible.

Claudia Souza dijo...

Es cierto que si reducimos todo a los sentimientos se trata de sentir o no sentir. Pero creo que estarás conmigo en que con el amor no basta, aunque el amor salve muchas veces. Cuando amamos no lo hacemos simplemente porque el sentimiento esté ahi, amamos porque hay tantísimas cosas que nos permiten alimentar eso. Un abrazo y gracias por pasearte en mis andenes.