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21 abril 2009

De explicaciones matutinas

Esto de hacer recuentos tiene graciosas consecuencias.
Un par de ojos azules marca mi número y pregunta si él es la cita tal. Esperá que piense, le digo. Y al afirmar me suelta que luego de él hubieron equis, entonces.
Y?
Que yo creia que estabas en casa y de casa al trabajo, vuelve a soltarme.
Me río con ganas.
Después de colgar inevitablemente pienso que lo que yo quisiera es dejar de hacer recuentos y no por no tener en qué entretenerme sino porque sigo creyendo en una cita para siempre.
Un cigarro, por favor.

1 comentario :

El Maquinista dijo...

Lo bonito es no tener que preguntar dónde has estado, porque si cerrando los ojos te veo, llego a la conclusión de que estás a mi lado....(apenas acabo de abrirlos)
El resto son tonterías.