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19 agosto 2013

La dirección

En la calle mayor del pueblo
al entrar, a la derecha
justo en la esquina hacía pico 
el bar "El Tiburón".
Y a su lado un sendero
conducía a la vieja ermita
de la Virgen Carrasqueña
sosteniendo al Menor.
Y enfrente de eso, muy alta,
la cruz en el poste opaco
hacía honores al niño
que ahí se estampó.
El hijo de la Raimunda,
pobre destino el del crío:
se pelaba un caramelo,
la bicicleta voló.
Y la Raimunda, tristona,
se esmeraba en poner flores
a la desgracia del sitio.
Y no contenta con eso
sacaba lustre a su acera
a tal punto que en verano
bien se reflejaba el sol.
Los vecinos se cansaban
de soportar los porrazos
pero su pena era grande
y callaban la ocasión.
Y al lado de la Raimunda
estaba la casa bruja
mentada así cuando el dueño
se enamoró
de una mujer muy rara
que no mediaba con nadie,
que usaba las greñas largas
y barría en camisón.
Ninguno supo por dónde
mandó a mudarse una tarde,
el tipo esperó paciente
y murió de insolación.
Pues junto a la bruja y Raimunda
estaba justo mi casa.
El número 27, 1º piso y portón.
Era fácil encontrarla,
las señas no tenían pérdida.
Aunque tú...
Aunque tú, mala memoria
y excelente orientación.



3 comentarios :

Carlos Galeon dijo...

Tiene su cierto encanto la historia-poema que has escrito. Entretenida y con ritmo.
Saludos.

Maria Eugenia dijo...

Me encanta esa poesía con historia, es un cuento poético.
Un abrazo

Claudia Souza dijo...

Gracias Carlos y M. Eugenia por vuestras palabras. Abrazo para ambos.