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12 septiembre 2009

De mates y miel

Cuando entres en mi casa deja afuera todo el lío, espabila del cansancio, abandona el desaliento y pasa sólo si estás dispuesto a sonreír.
Cuando entres en mi casa hazlo sin llamar a la puerta, se supone que siempre estará abierta si te he invitado a venir.
Cuando entres en mi casa mira que a tu derecha hay una diminuta planta de romero, sigue la línea invisible que ahuyenta a los fantasmas y si cargas con alguno, le dices que te espere fuera.
Cuando entres en mi casa debes saber que de bienvenida hay abrazos. Los abrazos sanan, a ti y a mi.
Cuando entres en mi casa se prohíben las conversaciones de ascensor, ya sé que el tiempo está insoportable, el tráfico insufrible y un sinfín de cosas vanas de las que me entero durante el día.
Cuando entres en mi casa, por favor, sé tú mismo, que en casa no hay convenciones ni protocolos ni etiqueta. Sólo ten en cuenta mi delicadeza, y que estar conmigo no es lo mismo que estar solo. Descúbrete para mi y te harás un favor.
Cuando entres en mi casa no hace falta traer nada, que aunque sólo haya un mendrugo será para los dos.
Cuando entres en mi casa no esperes que te la enseñe, que recorra cada estancia como si fuera a vendértela, mi casa es como yo, se descubre de a poco y de forma natural.
Quema incienso, enciende velas, déjame que te escuche mientras tomamos un mate, mientras la música se desvanece entre las plantas de mi pequeño jardín y un cigarro.
Imágen: mate de Clo.

4 comentarios :

Anónimo dijo...

Siempre es una delicia estar en tu casa, ojazos

Juan L.L

Javier dijo...

Tampoco podía perderme tu blog, y menos aún agradecerte igualmente que nos invites a tu casa.

En serio, enhorabuena.

Maquinista dijo...

Es un interminable reguero de sonrisas, de olor rico en la cocina, de tango impregnado en las paredes, de imprevistos socavones y montañas, es una guitarra medio afinada a punto de conseguir su escala perfecta, es la canción "eres tú" a dos voces, un abrazo perpetuo, una pantalla vista desde el suelo, es Piazzola estornudando al compás del bandoneón.....sólo falta el mate

Claudia Souza dijo...

A veces, de tanto en tanto, mi querido maquinista, me quedo sin yerba. Es en esos momentos cuando me entra un mono parecido al que sientes al comprobar que son las doce de la noche y todos los bares cercanos están cerrados. Te quedan tres cigarros en el paquete y maquinas cómo los vas a hacer durar hasta que te duermas. Con el mate pasa algo parecido, la diferencia es que la pena te entra cuando no puedes compartirlo, cuando en casa espera alguien, impaciente por probarlo.
Gracias por pasearte en mis andenes.
C.